La aplicación de la ley islámica a la actividad económica trata de seguir las normas de la sharia en lo que respecta a los gastos, ahorrar, invertir, dar, etc. El objetivo es lograr una justicia socio-económico y la distribución equitativa del ingreso y la riqueza. El modelo básico de las finanzas islámicas es la prohibición sobre el pago y la recepción de todas las formas de interés (riba). El hecho de hacer dinero de dinero es considerado usura y por tanto está prohibida en el Islam. El otro principio es una creencia fundamental en la distribución de los beneficios y riesgos en la realización de negocios. El cliente y la entidad financiera deben compartir los riesgos en todas las inversiones y los beneficios deben repartirse entre ellos con equidad y reciprocidad. El Islam también tiene como objetivo eliminar la explotación y para establecer una sociedad justa, donde la riqueza debe ser generado por las inversiones en activos reales ya través de un comercio justo y legítimo. Cualquier inversión en empresas involucradas en actividades relacionadas con el alcohol, el tabaco, el juego o la pornografía está prohibida.